Por una de esas edificantes coincidencias que de vez en cuando nos brinda la investigación histórica, he descubierto una dulce apología del cine histórico, de la mano del ínclito historiador Fernando García de Cortázar quien, tomando como referencia de su discurso el último filme de José Luis Garci, Sangre de mayo, enumera multitud de ejemplos que avalan su tesis, no sin recordar que “el cine puede recrear el pasado de una manera que sólo sería posible mediante una máquina del tiempo”. Nuestra percepción sensorial no es inmune al influjo del séptimo arte, de cuyas imágenes se ha ido nutriendo el imaginario individual y colectivo. Tan cierto es que nosotros somos la herencia del pasado como que nos es difícil sustraernos a la recreación que de éste se hace a través de la imagen en movimiento.
El profesor Luis Gómez Gallego, del Instituto de Enseñanza Media (IES) Los Olmos, de Albacete (Castilla-La Mancha) ha tenido la gentileza de enviarnos una propuesta didáctica que, según su experiencia pedagógica, le ha dado buenos resultados. Un sucinto análisis, por lo demás, suficiente y necesario, una particular lectura de los recursos didácticos de los que el docente puede echar mano para compensar las deficiencias del sistema educativo español. Esta vez, se trata de una retrospectiva del